Nueva época · Curada, serena, alegre

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Puedes escuchar este post aquí:

 

“Escribe mientras sangras, publica cuando te hayas curado”.

Me gustó la frase. Porque esto que leeréis a continuación lo escribí en uno de esos días en los que sangraba. Porque ahora lo publico meses después, más tranquila. Esperé a curarme. Ahí va.

…….

Hoy es uno de esos días en los que Yann sólo quiere estar tumbado en mis brazos notando mi calor, mi aliento y mi pelo, y el de nadie más, porque su cuerpecito está luchando y ardiendo y sufriendo.

Pero yo lo beso, y me voy, y otra (una otra magnífica, por cierto) lo acuna, lo calma y le da la correspondiente medicación.

Hoy es uno de esos días que me ponen humildemente en mi sitio: creías que tenías la solución, ¿cierto? Pues no. Si trabajas, siempre habrá momentos en los que tu familia no podrá ser la prioridad.

La frase y los quejidos de Yann me resuenan y me retuercen el corazón todo el camino hasta la oficina. Y me suben las lágrimas a los ojos aún semanas después.

Puede que sea solamente yo, que padezco de este modo tan animal el separarme de ellos cuando me necesitan. ¿O no estoy sola? ¿Tal vez todas padecemos pero simplemente nos decimos que “es lo que hay”?

Hoy sangro, y no me avergüenza compartirlo con vosotras. Hoy mi lugar no era la oficina, pero allí estaba. Hoy os lo explico, desgarrada, quizá exagerada, por estar viviendo este momento con todos los sentidos.

…….

Hoy, han pasado meses desde que escribí esas notas. Yann ha vuelto a estar bien. Luego mal, a veces. Luego bien. Como cualquier niño.

Yo he seguido reflexionando y escribiendo. Viviendo, como cualquier mujer y madre. Pero hoy ya no espero hallar la solución para superar ese dolor.

Querría haberla encontrado, poder vivirla yo misma, y, sobretodo, poder dárosla envuelta en un paquetito. Sí, a vosotras. Oh, cómo deseaba daros una solución. Cómo os admiro a todas, cómo deseo que os sintáis mejor.

Pero tras mucho leer, escribir, y encerrarme y casi ahogarme en el tema (casa, trabajo, emprendeduría, conciliación, equilibrio)… no encontré la solución.

Sin embargo, sí conseguí algo. Me curé.

Ahora lo entiendo…

No es posible evitar ese dolor.

Siempre habrá momentos en los que sentiremos que no estamos haciendo lo que debemos hacer.

Raramente habrá soluciones perfectas.

Lo único que podemos hacer es:

Buscar la manera de acercarnos a una vida que refleje de verdad nuestras prioridades, y

Sentirnos satisfechas con la situación que estamos viviendo en ese momento.

Y eso no se puede poner en una cajita envuelta para regalo. Cada una debe encontrar y trabajar esas ideas y sensaciones por su cuenta.

Lo he intentado. He intentado resolver el problema que no tiene nombre, y hallar la mejor manera de cuidar a los nuestros, y mientras tanto no estaba lo suficientemente centrada en lo realmente importante… y no lo estaba pasando bien.

¿Recordáis la escena de Amelie en la que parece cargar con todo el peso de las desgracias del  mundo? Yo sentía que mi amor por el homemaking tenía que servir para algo, para que todo el mundo lo amara también, para que el mundo cambiara y todo el mundo viviera mejor, y nuestros niños se criaran mejor…

Había intentado que este blog fuera un proyecto que cambiara el mundo. Pero quizá no era el momento, o esa no era la manera.

Tal vez yo no tengo que salvar el mundo. Tal vez puedo relajarme, y sólo ser.

Hoy estoy contenta de haber vivido y convivido con todas esas sensaciones, contradicciones, deseos y malestares, porque son naturales: al fin y al cabo estoy viva y amo, no?

Hoy estoy contenta de haber podido escribir todas esas páginas, las que habéis visto y las muchas que no, porque sin ellas no me hubiera curado. Espero que tú también sangres si tienes que sangrar, y te cures, si tiene que llegar el momento de sentirte curada. El camino, desde luego, es apasionante. Y la recompensa, después de la lucha, es más paz.

Hoy expando de nuevo el tema del blog para seguir viviendo alegre.

Hoy me atrevo a dejar ir cosas aunque me haya costado mucho hacerlas: si ahora sientan como un peso extraño, ¿porqué las voy a seguir guardando?

Hoy me siento feliz y más ligera al no sentirme atada a algo pese a que haya estado ligada a ello durante varios años.

Siento que puedo respirar.

Casi toco las nubes.

Voy a volver a escribir de nuevo por (y con) placer.

Aquí va un enorme agradecimiento a mis hadas detrás de las escenas, que me animan sobre mi blog de una manera que hace que todo sea posible. Y un agradecimiento especial, en este punto de inflexión, a mi hada madrina de los contenidos en mi anterior proyecto (sabes quién eres, bella): gracias por tu paciencia, apoyo y amor, sigo creciendo, y seguro que tu también seguirás ahí.

Where do blogs go when they die?

 

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This is a letter to the burned-out bloggers (who happen to be moms).

I have read you and I hear you ladies.

Burn-out, tiredness, doubts. Neglecting self, health or relationships. No matter how small or big your audience is. Sometimes you can’t breathe.

Yet all that is in the backstage, because the scheduled posts and the flowing and inspiring stream of content in your social media feeds keep on showing up punctually. And we your readers carry on our days with a bit more of sweetness, of courage, of patience, of strength, whatever you happen to instill in us, gently, with your words.

And, sometimes, that constant feed gets interrupted and you stay there, naked and in tears, human. You are not well. But you have that dream, that corner of the world that is only yours.

You take blog breaks. You abandon your blogs.

And my heart aches and explodes with compassion at the same time. You are mothers who blog and feel like failing.

Loves, you are rising the next generation. That is a dedication itself. A dedication that we somehow minimize and squeeze into our lives like we would with any other project.

You are nurturing your homes and partners and kids and friends and family. All that while being creative, passionate, being super professional in whichever is your field, or heading every day to a “normal” job.

And, I assure you, you are changing people’s lives; in all your facets; not only through blogging, but blogging included.

Maybe you can’t do everything you’d like, in this season, and that’s fine.

Maybe our ideal of blogging, of succeeding, of life, should be rewritten.

Maybe it is a good thing indeed (the best thing ever) that you show up, human and imperfect, inconsistent and contradictory, and blog about it all. Or stop.

Because that is life.

You are life.

When you are punctual and when you are broken. When you rest and when you create.

And we love to hear about you. And support your pauses.

We love blogging. We love your blog, dead or alive. We love you.

 

Solar oven homemade cookies

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I dusted my solar oven off, after some years. It feels good. It feels me. It tastes good, and light.

This time I baked these super-simple cookies with rice flour.

I am planning to use it regularly again, summer or winter, in my sun-bathed terrace.

It is slow, and I want to be slow. It is on the ground, and under the sun, and I want to be there too.

…….

He desempolvado mi horno solar, después de unos años. Sienta bien. Es tan “yo”. Y sabe bien, y ligero.

Hornée estas galletas super sencillas con harina de arroz.

Planeo volver a cocinar en él a menudo, en verano e invierno, en mi terraza bañada de sol.

Es lento, y yo quiero ir lenta. Está sobre el suelo y bajo el sol, y yo también quiero estarlo.

English at home (maybe not homeschooling)

 

 

Learning English is so important in today’s world. I am passionate about this language. Leo hates extra-curricular activities.

And we are trying a little experiment here, starting this summer.

We don’t overthink and don’t count the days or the tasks.

I have a loose calendar and general inspirational “categories” and types of activities.

We work in unplanned chunks of time, when the opportunity arises: often he’ll say “Mom, we forgot to do English!” or “Can we do some English now?”.

He still feels awkward when I talk to him in English so I still mix languages up. He has pretty good ideas for activities, and surprises me as more capable and creative than I expected.

Yann is always with us, so he adds to the mix and plays “English at home” too.

 

Some of the things we have been doing in the past few days:

  • Preparing our “English at home” Notebook
  • Drawing something that interests you: (he chose “Super Wings” a cartoon character. “A name that came to be in English and you didn’t know!”).
  • Spotting plants and saying their name in English in my father’s vegetable garden.
  • Preparing an afternoon snack and learning the names of the ingredients.
  • Taking a “Nature field trip”.
  • Watch “Paw patrol” (of course) in its original version.
  • Locating English-speaking countries in the map and talking about them (did mom and dad been there? Would you like to go there? Do you remember to which one did your friend Alex move to last year?).

 

All of this is me trying to have a normal, entertaining conversation in English (so their ears start to get used to the language) while we do a fun activity with content, and them basically feeling like I am playing with them, which they love.

 

What do I expect from this experience, this summer? Basically:

  • That he happens to see the beauty of English and how useful it is.
  • That he learns to learn by interest, not obligation.
  • That he keeps fresh his beginnings in writing and reading during the holidays (here I have to keep the phonetics quiet to not disturb his progress in Catalan).
  • That he gets used to me speaking English to him. That he happens to enjoy un-translated cartoons so he can have fun while learning English through songs, movies, and “real use”, as I did and still do. That he can get comfortable with the language so he can feel confident to speak himself in the future.

 

We are starting slowly, and almost as if we were playing. And, maybe, if he likes it,  we can continue with our English at home in the months and years to come.

 

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Inglés en casa

Aprender inglés es tan importante en el mundo de hoy. Y a mi me apasiona ese idioma. Y Leo odia la idea de hacer actividades extraescolares.

Así que estamos haciendo un pequeño experimento, comenzando este verano.

No le damos demasiadas vueltas ni llevamos la cuenta de los días o las tareas.

Tengo un calendario muy orientativo, “categorías” de inspiración general y una lista de tipos de actividades.

Trabajamos en trozos no planificados de tiempo, cuando se presenta la oportunidad: a menudo me dice “¿Podemos hacer algo de inglés ahora?” “Mama, que se nos ha olvidado hacer inglés!”.

Todavía se siente incómodo cuando hablo con él en inglés, así que todavía mezclo los idiomas. Tiene muy buenas ideas para las actividades y me sorprende lo capaz y creativo que es.

Yann está siempre con nosotros, así que se añade a la mezcla y juega también a nuestro “Inglés en casa”.

Algunas de las cosas que hemos estado haciendo en los últimos días:

  • Preparar nuestra libreta de “Inglés en casa”.
  • Dibujar algo que te interesa: escogió un personaje de los dibujos “Super Wings” (un nombre que resulta que está en englés y no lo sabías!).
  • Observar las plantas e ir diciendo su nombre en inglés en el huerto de mi padre.
  • Preparar una merienda y aprender los nombres de los ingredientes.
  • Hacer una “salida de campo”.
  • Ver “La Patrulla Canina” (por supuesto) en versión original.
  • Localizar los países de habla inglesa en el mapa y hablar de ellos (han estado allí mamá y papá? ¿Te gustaría ir allí? ¿Recuerdas a donde se mudó tu amigo Alex el año pasado?).

 

Todo esto básicamente soy yo tratando de tener una conversación normal, entretenida, en inglés (para que sus oídos comiencen a acostumbrarse al idioma) mientras realizamos una actividad divertida y con un cierto contenido; y para ellos es básicamente sentir que estoy jugando con ellos, lo cual les encanta.

¿Qué espero de esta experiencia, de este verano? Básicamente:

  • Que pueda empezar a ver la belleza de este lenguaje y lo útil que es.
  • Que aprenda a aprender segun sus intereses, no por obligación.
  • Que pueda mantener frescas sus primeras nociones de escritura y lectura durante las vacaciones (en este caso tengo que mantener la fonética bastante controlada para no afectar sus progresos en catalán).
  • Que se acostumbre a oírme hablar en inglés con él, y que pueda disfrutar de escuchar los dibujos animados sin traducir, para que pueda empezar a divertirse aprendiendo inglés a través de canciones, películas, y el “uso real”, como hice yo y sigo haciéndolo. Que se pueda sentir cada vez más cómodo con el idioma para que pueda tener la confianza para hablar él mismo en inglés en el futuro.

 

Empezamos poco a poco, y medio jugando. Y, tal vez, si a él también le gusta, podamos continuar con nuestro inglés en casa en los meses y años que vendrán.

 

From my bubble to yours (and apricot summer cake)

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I know what is going on around me and in the world.

When I choose to get my head outside my little bubble, only minutes suffice to almost get drown under a tsunami of disturbing, shocking, nightmarish news, or to witness disappointment or suffering in my close environment.

The pains of illness and the global injustices are there. And they were growing while I was inside, blind and deaf.

In those minutes, while I am peeking out, the insignificance of my little things weighs heavy. They feel so out of place.

However, later I reflect: what if I didn’t have those little things to find solace in? If I happen to be lucky enough to live a bright, tranquil, joyous life… do I have the right to choose despair?

The little things may feel insignificant, but they are the gentle minutes of our day, the ones that recharge us and make us remember also the good, when it’s difficult to see it.

If hate, pain and cruelty are human, so are love, wellbeing and kindness. I don’t talk about dismissing the former, I talk about not dismissing the later.

The good little things should also be there, everywhere. It is my wish that every soul could have a cozy little bubble full of them, where to stay for a while every day.

 

Scroll down for the “Apricot sponge cake (with mascarpone and apricot frosting)” recipe. Some sweetness for the strange days.

…….

De mi burbuja a la tuya (y pastel veraniego de albaricoque)

Sé lo que sucede a mi alrededor y en el mundo.

Cuando elijo asomar la cabeza fuera de mi pequeña burbuja, tan sólo unos minutos son suficientes para casi ahogarte bajo un tsunami de noticias perturbadoras, chocantes, de pesadilla, o ser testigo de decepciones, o sufrimiento, en mi entorno cercano.

El dolor de la enfermedad y las injusticias globales están ahí. Y estaban creciendo mientras yo estaba dentro, ciega y sorda.

En esos minutos, mientras echo un vistazo al exterior, la insignificancia de mis pequeñas cosas cae, pesada, sobre mí. Parecen tan fuera de lugar.

Sin embargo, luego reflexiono: ¿qué pasaría si no tuviera esas pequeñas cosas que me consuelan? Si da la casualidad que tengo la suerte de vivir una vida alegre, tranquila, brillante… ¿tengo derecho a elegir la desesperanza?

Las pequeñas cosas pueden parecer insignificantes, pero son los minutos suaves de nuestro día, los que nos recargan y nos hacen recordar lo bueno, cuando es difícil verlo.

Si el odio, el dolor y la crueldad son humanos, también lo son el amor, el bienestar y la bondad. No hablo de olvidar los primeros, hablo de no olvidar los segundos.

Las cosas pequeñas y buenas también deberían estar allí, en todas partes. Es mi deseo que cada alma pudiera tener una pequeña y acogedora burbuja llena de ellas, en la que quedarse durante un rato cada día.

Más abajo puedes encontrar la receta de “Bizcocho con glaseado de mascarpone y albaricoque”. Un poco de dulzura para los días extraños.

 …….

Apricot sponge cake (with mascarpone and apricot frosting)

 

For the cake
2 jars of 125 g of yogurt
2 eggs
2 measures of yogurt of sugar
¾ measures of yogurt of vegetable oil
3 measures of yogurt of flour
Baking powder

Filling
Apricot jam

Frosting
One jar mascarpone cheese (250 g)
1/2 to 1 small cup (200 ml) of confectionery sugar
Three or four apricots
The idea for this cake came from the jaw-dropping natural cakes book “Cake stand“, but there is no way I can make something as elaborated as the beautiful cakes featured, so I grabbed different ideas and made a very simple cake.

The basic recipe for the cake is very common here in Spain and uses the standard store-bought yogurt jars as a measure.

You combine the ingredients (beat eggs with yogurt, add sugar, oil, and then the flour with the baking powder) and place it in two molds. Bake at 180 ºC for around 25 minutes or until a pick inserted in the center of the cake comes out clean.

Once cold, spread apricot jam onto the first layer of cake, and top with the other.

To make the frosting, peel and pit the apricots, purée them and mix them with the mascarpone cheese and sugar. I simply put together the three ingredients and used a blender. I go low on sugar and used only 1/2 small cup, if you like very sweet frostings is up to you to add some more!

The frosting is much better the first day as the flavor of the apricot is perfectly fresh. But in my case I keep the cake unfrosted in an air-tight container (I don’t like to keep cake in the fridge as it usually becomes harder) and the frosting in the fridge, and then frost individually every portion before serving. This is basically a cake only for me, and I eat it for breakfast and tea during the whole week.

It is more than nice to have a homemade (and quite spectacular) piece of cake waiting for me, despite everything that can be going on, or precisely because everything that is going on.

…….

Pastel de albaricoque con glaseado de mascarpone y albaricoque

Para el bizcocho
2 yogures de 125 gr
2 huevos
2 medidas de yogur de azúcar
¾ medidas de yogur de aceite vegetal
3 medidas de yogur de harina
Levadura en polvo

Para el relleno
Mermelada de albaricoque

Para el glaseado
Un envase de queso mascarpone (250 g)
De 1/2 a 1 taza de azúcar glass
Tres o cuatro albaricoques
La idea de este pastel surgió del asombroso libro lleno de pasteles naturales “Cake stand“, pero de ningún modo podría hacer algo tan elaborado como las hermosísimas tartas que aparecen, así que tomé diferentes ideas y preparé un pastel muy sencillo.

La receta básica para el bizcocho es muy común aquí en España y usa como medida los envases de yogur estándar que se encuentran en cualquier tienda.

Se combinan los ingredientes (se baten los huevos con el yogur, se añade el azúcar, el aceite, y luego la harina con la levadura) y se coloca la masa en dos moldes. Se hornea a 180 °C durante unos 25 minutos o hasta que un palillo insertado en el centro del pastel salga limpio.

Una vez frío, se extiende mermelada de albaricoque sobre el primer bizcocho, y se cubre con el otro.

Para hacer el glaseado, se pelan y deshuesan los albaricoques, se trituran y se mezclan con el mascarpone y el azúcar. Yo simplemente uní los tres ingredientes en el vaso de la batidora y los trituré. Utilicé poco azúcar, solo medio vaso pequeño, pero si te gustan los glaseados muy dulces puedes añadir más!

El glaseado está mucho mejor recién hecho, ya que el aroma y sabor del albaricoque están perfectamente frescos. Pero en mi caso guardo el bizcocho en un recipiente cerrado (no me gusta guardarlo en la nevera ya que en general se endurece) y el glaseado en la nevera, y lo voy añadiendo a cada porción antes de servirla. Es un pastel básicamente para mí sola, y lo voy comiendo como desayuno y merienda durante toda la semana.

Está más que bien el tener un buen trozo de pastel casero (y bastante espectacular) esperándote, a pesar de todo lo que pueda estar pasando, o precisamente por todo lo que esté pasando.

How is cereal made?

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Yann points out the cereal box and asks me: “What is that?”. “It’s a spike of wheat, that is what your cereal is made with”.

“First the farmers plants the seeds, they water and care for them, the plants sprout and grow and when the plants are ready the farmers harvest them and separate the flour. Then they take it to a plant where the cereal is cooked and put in that box, and then is taken to the supermarket.

And we buy it. And we eat it for breakfast.

And then, if there are any leftovers we don’t eat, we throw them in the organic waste bin, so they can be turned to compost, and they can nurture the soils where the cereal can grow again”.

As a graduate in environmental sciences it is easy and normal to me to think in cycles, to understand each piece of any situation as a part of a much larger scheme, a chain… It is sometimes painful, though lately I have learned to moderate myself. And now, for instance, I am capable to not freak out when my children leave the lights on after leaving a room. I calmly tell them about it, but I don’t feel as if we were terrible people anymore.

I am not perfect and I do what I can, mostly like you. After years working as an advocate of green living, now I feel like I’m done telling you, or anyone else, what to do to be more environmentally responsible. I believe we all already know, but it is hard to always prepare fresh juice, and take your own containers to buy in bulk in a shop.

Specially in my current season, I strive to do best, but I have to micro-decide every moment of the day, and often the environment falls by the side (what if your kid only would eat store bought vegetable soup? What if you turn your back to chop vegetables and a sibling fight starts?

So I do what I can, and I explain the cycles to my kids, as if we were not (so) disconnected from the rest of the biosphere.

Sometimes it sounds like a tale or legend. And they listen and seem interested in knowing more. And then I hope they may choose to care. I hope they don’t feel bad, but they acknowledge the need to make things better. And I hope they have hope about us all still being on time to care of the things that matter.

…….

¿De dónde vienen los cereales?

Yann señala la caja de cereales y me pregunta: “¿Qué es eso?”. “Es una espiga de trigo, es con lo que se hacen tus cereales”.

“Primero los agricultores plantas semillas, que riegan y cuidan, luego las plantas brotan y crecen y cuando las plantas están listas las recolectan y separan la harina. Luego la llevan a una planta en la que los cereales se cocinan y se ponen en su caja, y luego se llevan al supermercado.

Y los compramos. Y los comemos para el desayuno.

Y luego, si sobran unos poquitos que no comemos, los tiramos a la basura orgánica, para que se convierta en abono, que podrá nutrir el suelo donde los cereales podrán crecer de nuevo”.

Como licenciada en ciencias ambientales es fácil y normal para mí pensar en ciclos, entender cada situación como parte de un plan, de una cadena, mucho mayor… A veces es doloroso, aunque últimamente he aprendido a moderarme. Ahora, por ejemplo, soy capaz de no alterarme demasiado cuando mis hijos dejan sin querer las luces encendidas al salir de una habitación. Tranquilamente les llamo la atención, pero ya no me siento como si fuéramos unas personas horribles.

No soy perfecta y hago lo que puedo, como tú. Después de años trabajando divulgando y defendiendo modos de vida sostenibles, ahora siento que ya he tenido suficiente y no te diré a ti, ni a nadie, lo que debes hacer para ser más responsable con el medio ambiente. Creo que todos ya lo sabemos, pero es difícil preparar siempre zumo recién hecho, o recordar tomar tus propios recipientes para ir comprar a granel en las tiendas.

Especialmente en mi época familiar actual, me esfuerzo por hacerlo mejor, pero tengo que micro-decidir en cada momento del día, y con frecuencia el medio ambiente queda fuera (y si tu hijo sólo quiere comer sopa de verduras envasada? Y si cada vez que te giras para cortar y preparar verduras comienza una pelea entre hermanitos?).

 

Así que hago lo que puedo, y explico los ciclos a mis hijos, como si no estuviéramos (tan) desconectados del resto de la biosfera.

A veces suena como un cuento o una leyenda. Y ellos escuchan y parecen estar interesados en saber más. Y entonces espero que escojan que les importe. Espero que no se sientan mal, pero que reconozcan la necesidad de mejorar las cosas. Y espero que tengan la esperanza de que estamos a tiempo para cuidar de las cosas que importan.

 

 

Unplugged blogger: How I am not using social media and feel like probably never will

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During the past few years I have read and enjoyed a decent amount of guides, articles and tips about social media. “The Social Network” is a movie that I absolutely adored. And during several months I even was the community manager in the organization I work for.

I find social media fascinating… as an idea; in theory. In practice, I hardly ever get into my own feeds. And, if I am sincere, I only share my own content (sparingly and inconsistently) because I feel like I ought to; because this is how things are supposed to be. I set up a Facebook page for this blog / project of mine and putting it into motion hasn’t happened naturally in two years.

I also hear about Instagram envy, addiction to Twitter and how loud Facebook is getting. social media is stressing people, without me being engaged in it, and, from the outside, I seriously can’t understand why people choose to do this to themselves.

As months pass by, I am embracing that my own (almost anti-social) behavior online is unlikely to change soon. As a result, the nagging feelings that “I should be doing more on social media” are progressively weakening.

I am coming to understand and accept the following:

• Social media is not my preferred source of information. It is not the right format for me to access and consume information. So it is understandable that it is not my natural way to emit information.

• Possibly the social media environment and approach doesn’t match the overall tone of my project and the experience of it I’d like people to have.

• When I try to promote this side project of mine via social media, my mind gets cluttered with too many ideas, as well as too much attention to things like stats. When I enter my feeds I feel overwhelmed and not present in the moment. I don’t want that in my life. I don’t want to add that to the lives of others.

• I am free to use the online tools that I do enjoy (that is to say: my blog, and Facebook groups that I love).

 

Today I assume I won’t be a success online, if success depends on all the online hustle we are told is mandatory.

My success is getting to simply write here every week.

My success is, while I spend the afternoon with my kids, only looking at my phone to see if David (my husband) messaged me.

Today I face a brand new contradiction for this blogging passionate, but as in many other aspects of life, I accept that I cannot manage it all. Nor I don’t want to manage it all, because in reality there is always something left out.

 

This post has been lingering around for many months and I’d appreciate your thoughts! Am I missing many opportunities? I plainly don’t want to promote my project with tools I don’t use or need myself and that don’t make me feel good.

People in general is very surprised at people like me not using social media at an age when everybody does, but I have also found some other “black sheeps” around me. Those of us who, without being “against” social media, don’t feel really called to it.

And thank you, as always, for being here, reading in this quiet and hidden place of the Internet.

UPDATE: since I wrote this I have been a little more engaged in SM. So far it feels good, and I will stick with it only as long as it feels that good. Maybe writing about it helped me in shacking off fears and suposed impositions, and at last doing things in my own terms.

 …….

 

La bloguera desconectada: cómo NO utilizo las redes sociales y probablemente nunca lo haré
Durante los últimos años he leído y disfrutado una buena cantidad de guías, artículos y consejos sobre redes sociales. La película “La red social” me encantó. Y durante varios meses incluso fui la community manager en la organización para la que trabajo.

Para mí las redes sociales son fascinantes… como idea; en teoría. En la práctica, casi nunca entro en mis propios perfiles. Y, si soy sincera, sólo comparto en redes mi propio contenido (de manera escasa e irregular) porque siento que debo hacerlo; porque así es como las cosas tienen que ser. Creé una página de Facebook para este blog, este proyecto mío, y no he sido capaz de dinamizarla de manera natural en dos años.

Escucho hablar sobre “Instagram envy”, adicción a Twitter y lo ruidoso que se está volviendo Facebook. Las redes sociales están estresando a la gente, sin que yo me haya llegado a enganchar a ellas, y desde fuera no puedo entender porque elegimos hacernos esto.

A medida que pasan los meses, estoy abrazando el hecho de que es poco probable que mi comportamiento online (casi antisocial) cambie pronto. Y, como resultado, la molesta sensación de que “debería hacer más en las redes sociales” se está debilitando progresivamente.

Estoy llegando a comprender y aceptar lo siguiente:

• Las redes sociales no son mi fuente preferida de información. Para mí no es el formato adecuado para acceder y consumir información. Por lo tanto, es comprensible que no sea mi forma natural de emitir información.

• Es posible que el entorno y enfoque de las redes sociales no coincidan con el tono general de mi proyecto y la experiencia que me gustaría que la gente tenga de él.

• Cuando trato de promover este proyecto a través de las redes, mi mente se satura con demasiadas ideas, y presto demasiada atención a cosas como las estadísticas. Cuando entro en mis feeds me siento abrumada y no estoy presente en el momento. No quiero eso en mi vida. No quiero añadir eso a las vidas de los demás.

• Soy libre de utilizar las herramientas online que sí me gustan (es decir: mi blog, y algunos grupos de Facebook que me encantan).

Hoy asumo que no voy a ser un éxito online, si el éxito depende de todo el ajetreo que se nos dice es obligatorio.

Mi éxito es conseguir simplemente escribir aquí cada semana.

Mi éxito es, mientras paso la tarde con mis hijos, solamente mirar mi móvil para ver si David (mi marido) me ha escrito.

Hoy me enfrento a una nueva contradicción para esta amante de los blogs pero, como en muchos otros aspectos de la vida, acepto que no puedo con todo. Tampoco quiero poder con todo, porque en realidad siempre queda algo fuera.
¡Este post ha estado rondando durante meses así que agradeceré muchísimo tus pensamientos sobre este tema! ¿Me estoy perdiendo muchas oportunidades?  La verdad es que no quiero promocionar mi proyecto con herramientas que yo misma no uso o no necesito, y que no me hacen sentir bien.

La gente en general se sorprende de que gente como yo no utilice las redes sociales en un momento en el que todo el mundo lo hace, pero también he encontrado algunas otras “ovejas negras” a mi alrededor. Aquellos de nosotros que, sin estar “en contra” de las redes sociales, no se sienten especialmente llamados a ellas.

Y gracias, como siempre, por estar aquí, leyendo en este lugar tranquilo y escondido de la red.

UPDATE: since I wrote this I have been a little more engaged in SM. So far it feels good, and I will stick with it only as long as it feels that good. Maybe writing about it helped me in shacking off fears and suposed impositions, and at last doing things in my own terms.

Hospitality and spiderwebs

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Look, a spiderweb! Martí signals towards the lamp over our living room table.

Some of Leo’s friends, and their mothers, have joined us at home after school to have a snack and spend some time together.

And… yes. We have a spiderweb over our goûter.

Years ago I would have redden and mortify myself for hours (or days) afterwards, obsessing over what would they think of me…

But not today. I am too happy about them coming over and spending together a simple afternoon to worry about cleanliness.

I have learned, slowly and not easily, to feel proud not of the state of my home or my abilities as a host, but of being able to relax and let go of my perfectionistic tendencies… so I can open with delight this private space.

This is the place where we rest; where our books, our clothes, our gadgets, our art, our messes live. The place where we may be seen as we are, and where we may feel more vulnerable.

When I invite them to come home I invite them to see our family as it is, and I am saying: I’d love to know you better, would you like to enter the place I like most in the world and chat?

In a urban world where homes are increasingly private and locked, opening them seems like the perfect opportunity, the perfect place, to dive deeper in the relationships with others.

It’s been a few days since Martí pointed at the spiderweb and I still haven’t removed it… Down to work!

…….

Mira, ¡una tela de araña! Martí señala hacia la lámpara, sobre nuestra mesa del comedor.

Algunos amigos de Leo, y sus madres, han venido a casa después del colegio para merendar y pasar un rato juntos.

Y… efectivamente. Tenemos un telaraña justo encima de nuestra merienda.

Hace unos años hubiera enrojecido de la vergüenza y me hubiera mortificado durante horas (o días) obsesionándome sobre qué pensarían de mí …

Pero hoy no. Estoy demasiado contenta de que vengan a pasar con nosotros una tarde sencilla como para preocuparme por la limpieza.

He aprendido, poco a poco y no sin esfuerzo, a sentirme orgullosa no del estado de mi casa y de mis capacidades como anfitriona, sino de ser capaz de relajarme y dejar de lado mis tendencias perfeccionistas … y así poder abrir con deleite este espacio privado.

Este es el lugar donde descansamos; donde viven nuestros libros, nuestra ropa, nuestros gadgets, nuestro arte, nuestros desórdenes. El lugar en el que se puede ver cómo somos, y en el que podemos sentirnos más vulnerables.

Cuando les invito a venir les invito a ver nuestra familia tal como es, y les estoy diciendo: me encantaría conocerte mejor, ¿te gustaría entrar en el lugar que más me gusta en el mundo y hablar?

En un mundo urbano donde las casas son cada vez más privadas y cerradas, abrirlas parece la oportunidad perfecta, el lugar perfecto, para profundizar en las relaciones con los demás.

Hace ya unos días desde que Martí señaló la telaraña y todavía no la he quitado… ¡manos a la obra!

I am not domesticated (Homemaking as a choice)

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When I was 10 and my brother 9, my mom used to call me to help her with household chores. I always retorted… “Why don’t you call tete (my brother)? You call me because I am the girl, that’s not fair…”.

“Sorry, it just comes naturally to me”, said mom. “I’ll ask him next time”.

The thing is that I loved the chores. Folding laundry, dusting furniture (taking all those little figurines and putting them again into place, caressing the rows and spines of books…).

But I felt like I wasn’t doing them by choice, so I complained, I fought against it.

Over the past decades we women have run so so fast from homemaking as we could, because for years before we felt like we had no choice. So we not even questioned if in fact it was something we liked, or a good and necessary thing to do.

Besides, there it flourished, in parallel, the socioeconomic system that celebrates material wealth, status and money, and that has let out of the system, as externalities and nuisances, the basic activities that sustain life.

And that now makes for a society who doesn’t perceive the fundamental value of homemaking for it to run healthy.

Now hardly anyone would like to be a homemaker.

And then we women remain trapped again, because, in reality, that homemaking and caring for others thing is soooo essential to our lives that it has to be done anyway. It doesn’t matter that our economy acts as if not. So we keep on doing it ourselves, poorly, after long hours in other jobs. Or we poorly pay other women to do it, creating a socially and economically undervalued job.

But, all of us who in fact do like homemaking… why keep on complaining about chores and care? Why keep on escaping from it?

It is only because it is what we are supposed to do as modern women? Because we are worth more?

Because, please believe me, homemaking is the most important occupation in the world. The most needed. The job no one can live without.

What about escaping the prevalent notion that being “only a homemaker” or a “only a mom” is not a big deal? It is!

What about recovering homemaking as an honorable, fun, stimulating occupation? It is! Even if it’s only a few of us (yet) who see it that way.

At ten years old, and now, I want to choose to do something important, fulfilling, with my days here. And homemaking IS important. Now I see it.

Today, at 34, I choose to devote a very central part of my life to be a homemaker. I choose what I really want to focus in. What makes me feel good. Not what I am supposed to do or claim as a 21st century woman.

And I can do it, because I am domestic by choice, not domesticated.

 

…….

No estoy domesticada (el homemaking como elección)

Cuando yo tenía 10 años y mi hermano 9, mi madre solía llamarme para que la ayudara con las tareas del hogar. Yo replicaba: “¿Por qué no llamas al tete (mi hermano)? Me llamas a mí porque yo soy la chica, eso no es justo…”.

“Lo siento, me sale de manera natural”, contestaba ella. “Le preguntaré a él la próxima vez”.

El caso es que me encantaban las tareas. Doblar la ropa, quitar el polvo de los muebles (quitar todas esas figuritas y colocarlas de nuevo en su lugar, acariciar los lomos de los libros …). Pero sentía que no había escogido hacerlas, así que me quejaba, luchaba contra ello.

En las últimas décadas las mujeres hemos huído tan rápido como hemos podido de todo lo relacionado con ser un “ama de casa”, porque durante años sentíamos que no teníamos otra opción. Así que ni siquiera nos preguntábamos si de hecho era algo que nos gustaba, o algo bueno y necesario.

En paralelo, ha florecido el sistema socioeconómico que celebra la riqueza material, el estatus y el dinero, y que ha dejado fuera del sistema, como externalidades y molestias, las actividades básicas que sustentan la vida.

Y ahora nos encontramos en una sociedad que no percibe el valor fundamental de lo doméstico para que pueda funcionar de un modo saludable.

Ahora, a casi nadie le gustaría ser un ama de casa.

Y las mujeres quedamos atrapadas de nuevo, porque en realidad lo doméstico y el cuidado de los demás es tan esencial para nuestra vida que se tiene que hacer de todos modos. No importa que nuestra economía se comporte como si no fuera así. Así que seguimos haciendo estas tareas nosotras mismas (y no especialmente bien), después de largas horas en otros puestos de trabajo. O bien pagamos (no especialmente bien) a otras mujeres para que hagan estas tareas, creando unos puestos de trabajo infravalorados social y económicamente.

Sin embargo, todas las que, de hecho, nos gusta hacer de ama de casa … ¿por qué seguimos quejándonos de las tareas domésticas y de cuidado? ¿Por qué insistimos en escapar de ellas?

¿Sólo porque es lo que se supone que debemos hacer como mujeres modernas? ¿Porque se supone que “valemos” más que eso?

Porque, créeme, la casa es la ocupación más importante del mundo. La más necesaria. El trabajo sin el que ninguno de nosotros podría vivir.

¿Qué me decís de escapar de la noción prevalente de que ser “solamente una ama de casa” o “sólo una madre” no tiene mayor importancia? ¡Porque la tiene!

¿Qué me decís de recuperar la de ama de casa como una dedicación estimulante, divertida, honorable? ¡Porque lo es! Incluso si todavía somos pocos los que lo vemos de ese modo.

A los diez años de edad, y ahora como adulta, quiero escoger hacer algo importante, gratificante, con mis días. Y cuidar de la casa y la familia es importante. Ahora sí lo veo.

Hoy, a los 34 años, decido dedicar una parte muy central de mi vida a ser una ama de casa. Elijo en lo que me quiero centrar de verdad. Lo que me hace sentir bien. No lo que se supone que debo hacer o reclamar como una mujer del siglo XXI.

Y puedo hacerlo, porque lo doméstico es mi elección, no estoy domesticada.

Letting them see me (Vegan waffles)

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In raptures, I let down the magazine with the recipe I just read rear my eyelids and head to the kitchen. The dance of bowls, mesurement cups, sugar and flour starts.

Leo and Yann join me, they want to mix the dough and end up fighting over who does it. They also insist in adding chocolate chips (not included in the initial recipe but I acquiesce… in fact, I am gladly surprised they like to spend time baking with me – so I overlook the messiness and the fighting).

Once the batter is ready, the kids leave to play and I bake the waffles. Yes. How I love to bake. They turn out not as fluffy as the “normal” ones but taste much the same thanks to the vanilla; and are much lighter.

And later that day I realize that in that apparently common activity I let them see me.

I am not only the one who picks up the toys or cares for them when they are sick. I am also that person that picks up a book even if she knows she’ll be interrupted in one minute, the one who talks freely about the little struggles at work when she comes home, the one with several projects started at once, the one who often gets it wrong but is always willing to ask for forgiveness…

Before they could speak complete sentences they would say “mama” when they saw a picture of a wool ball, a cake or a flower. They also happen to sense when I am worried or thinking about something “serious”.

My heart flip flops at the understanding of how they know me.

Sometimes I am so focused in others’ needs and pending tasks that I barely see myself. But inadvertently it happens that all the time I am being me. And I am letting them see me.

Vegan waffles

240 g flour
100 g brown sugar
16 spoons vegetable oil
1 teaspoon vanilla
1/2 teaspoon baking powder
Enough water to reach desired consistency

Mix the ingredients to prepare the batter. Cook in the waffle iron for around 5-7 minutes. Savor warm! (yields 6-8 waffles).

 

…….

 

En un arrebato, dejo la revista y me lanzo hacia la cocina, la receta que acabo de leer aún latiendo tras mis párpados. Comienza la danza de cuencos, vasos de medidas tazas, azúcar y harina.

Leo y Yann se unen a mí, quieren mezclar la masa y terminan peleando por quién lo hace. También insisten en añadir gotas de chocolate (no incluidas en la receta inicial, pero decido aceptar la propuesta… de hecho, estoy agradablemente sorprendida de que les guste pasar tiempo en la cocina conmigo – así que paso por alto el desorden y las riñas).

Cuando la masa está lista, los niños se van a jugar y yo cuezo los gofres. Sí. Cómo me gusta hacer dulces. Resultan no tan esponjosos como los “normales”, pero el sabor es muy parecido, gracias a la vainilla; y son mucho más ligeros.

Y, luego, más tarde en ese día, me doy cuenta de que en esa actividad aparentemente común dejo que me vean.

No soy sólo la que recoge los juguetes o se preocupa por ellos cuando están enfermos. También soy esa persona que toma un libro incluso si sabe que la van a interrumpir en apenas un minuto, la que habla abiertamente sobre los pequeños problemas en el trabajo al llegar a casa, la que tiene varios proyectos comenzados a la vez, la que se equivoca a menudo, pero siempre está dispuesta a pedir perdón…

Antes de que pudieran hablar frases completas mis niños decían “mamá” cuando veían una foto de una madeja de lana, un pastel o una flor. También parecen intuir cuando estoy preocupada o pensando en algo “serio”.

Mi corazón da un brinco cuando comprendo el modo en que me conocen.

A veces estoy tan concentrada en las necesidades de otros y las tareas pendientes que apenas me veo a mí misma. Pero, sin que me dé cuenta, todo el tiempo estoy siendo yo. Y estoy dejando que me vean.

Gofres veganos

240 g harina
100 g azúcar moreno
16 cucharadas de aceite vegetal
1 cucharadita de vainilla
1/2 cucharadita de levadura
Suficiente agua para conseguir la consistencia deseada (1 vasito o un poco más)

Mexclar los ingredientes para hacer la masa. Cocer en la gofrera durant 5 – 7 minutos. ¡Saborear tibios! (Salen entre 6 y 8 gofres).